lunes, 23 de abril de 2018

Ante los ojos del buen pastor!


"Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas."


Desde los valles de la vida, cuando las cosas no han salido del todo bien, y vemos lejana la cumbre que deseamos conquistar, es muy fácil pensar que Dios se ha olvidado de nuestras necesidades. Me ha pasado más de una vez! Por más que me he prometido no dudar del amor del Padre, me encuentro con cierta frecuencia intranquila, con temores infundados con respecto a los resultados que tendré en proyectos importantes. 

Hoy día, nada es seguro, consistente o fiable. Los mercados financieros, los impuestos, las regulaciones, los políticos, nuestros sistemas democráticos, el orden mundial, los amigos, y a veces hasta la misma familia, cambia de parecer y sentir de la noche a la mañana. Entonces, en quién descansar? Hacia dónde fijar nuestra mirada en terreno inseguro?

El Salmo dispuesto por La Iglesia el día de hoy, nos regala algunas luces:
"Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres, es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos" (Salmo 118(117))

El Salmo es categórico en su afirmación, y nos da la garantía de que no seremos defraudados si confiamos en Dios. Sin embargo, para tener una relación de confianza con el Señor, necesitamos convertir nuestro deseo en acción. Debemos trabajar en nuestra fe, y para ello el Espíritu Santo nos asiste. Mediante la gracia del Espíritu, y no por esfuerzo propio, surgirá un deseo de seguir al Señor, de escuchar su Palabra y proclamarla, de celebrar la Eucaristía y pertenecer a una comunidad, de confesar nuestras faltas y sentirnos perdonados, de tolerar y perdonar al hermano, de amar en la dimensión de Cristo. Para mí, el sentido de la vida se resume en amar. Si queremos el mejor ejemplo, pongamos los ojos en Cristo, buen pastor, amigo fiel, cuyo amor nos redime y nos transforma. 

Cristo sigue dando la vida por nosotros! No sigamos esperando o confiando en lobos que nos abandonarán cuando las cosas se ponen feas. Creamos en Cristo, quien conoce nuestras oscuridades, nuestros corazones cansados y heridos. Ante los ojos del buen pastor no hay pecados tan grandes que no puedan ser perdonados, ni corazones tan destruídos que su bálsamo no pueda sanar. Permitamos que Cristo entre en nuestros corazones y se los robe! Sólo así podremos decir al igual que el Salmista:

"Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor." 



Fotografía de Irina Orellana




jueves, 7 de diciembre de 2017

La bondad del Señor se manifiesta siempre!



Se me hace difícil abstraerme de la realidad en estos difíciles momentos que vivimos en Honduras, pero es algo que he decidido hacer al menos durante algunas horas de mi jornada. Esta mañana decidí trabajar en el jardín, y poner atención a las pequeñas cosas que Dios nos regala. Necesitaba el silencio y vaciar mi cabeza de tantas voces disonantes, que para nada convienen si deseo tener un poco de paz. A medida fuí avanzando con lo que usualmente hago en el jardín (remover malezas, rastrillar, recoger basura, limpiar maceteros), pude dar gracias por el infinito amor de Dios. 

El sol, la brisa, las flores, mi salud, mis manos, el pequeño patrimonio, la familia, los amigos, un día más...la fe! Me dije, esto cambia todo, porque sin fe probablemente no estaría poniendo mis proyectos en manos tuyas Señor. Y precisamente el salmo 23 dispuesto por la Iglesia para este día, nos habla de la bondad del Señor, de sus cuidados y protección:

"El Señor es mi pastor, nada me puede faltar...
Aunque cruce por oscuras quebradas, 
no temeré ningún mal porque Tú estás conmigo...
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida."

Hoy no tuvimos buenas ventas, probablemente mañana tampoco.
Espero equivocarme y recibir clientes  que caen del cielo.
Mi misión es levantarme para trabajar por lo que he decidido emprender,
con la fe y esperanza de que Dios también hará lo suyo, porque a diferencia de nuestros políticos y autoridades, El sí cumple sus promesas.

Fotografía de Irina Orellana, Eucaristía en Cañaveral.





lunes, 4 de diciembre de 2017

Adviento enmedio de la crisis



Estamos en adviento! 
Bendito sea el Señor porque me permite iniciar un nuevo año litúrgico, y con ello, iniciar también una nueva etapa de vida! Así es, una etapa que espero sea mucho mejor, a pesar de la violenta crisis política que estamos viviendo en Honduras. En medio del pánico moral, los toques de queda, la aguda crisis económica y un país polarizado por motivos políticos, es difícil, o casi imposible ser optimistas.

Había estado esperando con ansias este día, primero porque me prometí volver a escribir en este blog cuya misión es evangelizar por medio del testimonio, y segundo, porque el 2017 no ha sido nada fácil para mí. Sin embargo, no hay mejor cosa que los problemas y crisis para recibir lecciones de vida y de fe!

Tendré que postergar lo de mis lecciones de vida para dar paso a lo más inmediato e importante, lo que me tomó por sorpresa, al menos a mí, después de un proceso electoral que ha sido tachado como fraudulento. En honor a la verdad, debo admitir que me he sentido sumamente vulnerable, y en más de una ocasión, molesta, triste, sin esperanza y sin paz. A la vista está que mi crisis no es sólo de dinero, sino de otros bienes más importantes, que distan de ser terrenales.

El adviento es tiempo hermoso de espera del nacimiento del niño Dios, y ha venido a rescatarme. Hago mías las palabras del profeta Isaías:

"Pues bien, Yahveh, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros." Is 64,7.

Me es difícil odiar después de leer esto. Es difícil perder la esperanza y la alegría, al ver que no estoy sola, que en mi camino el Señor escucha mis oraciones, y conoce el sentir sincero de mi corazón. Una vez más me he vuelto a equivocar.



Hoy rezo por Honduras! Por la paz y justicia que necesitamos construir juntos, y que muy dificilmente será el obsequio navideño de una clase política viciada. Esa paz empezará cuando volvamos la mirada a otro tipo de bienes, cuando podamos reconocer a Cristo en el hermano, cuando nuestras acciones lejos de ser egoístas vayan orientadas a procurar el bien común, y entendamos la frase de San Ignacio de Loyola: "De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?"

Fotografía: Orlando Sierra, AFP



lunes, 20 de marzo de 2017

Pongamos nuestros proyectos en manos de Dios!



Estamos próximos a finalizar el mes de marzo, y no me había dado el tiempo de escribir desde hace algunos meses. Las cosas no han andado bien en mi proyecto de vida, y eso se nota inicialmente en la frecuencia con la que escribo. Hoy he decidido hacerlo por dos razones: es día de San José y por lo tanto día del padre, y me siento con los ánimos que considero necesarios para plasmar estas líneas.

Me refiero a San José porque es un santo que libró batallas que seguramente nunca imaginó...como que muchas cosas le salieron mal! Y vaya empresa tan importante la que el Padre le tenía encomendada: ser custodio de la Sagrada Familia y papá putativo de nuestro Señor Jesús. Imagino a San José enmedio de sus dudas, de sus temores, de sus planes frustrados, al saber a nuestra Señora en estado de gestación sin haberle desposado. Luego, la salida hacia Egipto con la Virgen María porque la vida del niño Jesús peligraba.

Lo que más admiro de San José es su capacidad de confianza, obediencia y fe en los planes de Dios. A pesar de todas las adversidades que tuvo que vivir, la humildad de San José se ve reflejada en su obediencia, y serenidad (no se reveló contra la providencia perfecta del Padre). 

Actualmente me encuentro trabajando en un emprendimiento personal, y algunas cosas no han resultado de la mejor forma. El año pasado perdí mi casa y mi empleo, y esto me llevó a tomar la decisión de mudarme a una zona rural y emprender. De este lado, no hay nada seguro. Muchos estudios aseguran que el 95% de los nuevos negocios terminan cerrando. Así que de este lado, me tiemblan la piernas, surgen las dudas, pesan los miedos. He olvidado más de un día, poner mi proyecto en manos de Dios. Mi certeza en su amor de Padre, debería ser mayor. Si estamos haciendo lo que nos corresponde, El Señor nos ayudará, pondrá los medios y las personas que necesitamos. Tengamos fe! A manera de San José, encomendemos nuestras jornadas a Dios, porque El hace nuevas todas las cosas!

Fotografía de Irina Orellana, Finca San Isidro, Copán, Honduras

martes, 1 de noviembre de 2016

¡Somos hijos de Dios!


¡Hoy celebramos la fiesta de todos los santos en nuestra amada Iglesia Católica!
Hablar de santidad hoy día, no debería ser una opción, sino una invitación que tomemos muy en serio, ya que tal y como reza la segunda lectura de hoy (De la primera epístola de San Juan 3,1-3), el Padre nos ha amado y ha querido que nos llamemos hijos suyos.

¿Existe otra forma de lograr la santidad, sin cumplir la voluntad del Padre? Las bienaventuranzas (Mt.5, 1-12), resumen de una hermosa manera, el deseo de Dios con respecto a cómo debemos vivir nuestra vida, asegurándonos una promesa en cada una de ellas. Pero cuando estamos en medio de este mundo, todo se vuelve complicado, porque los valores del mundo son otros, la forma como somos medidos y tomados en cuenta, contrasta totalmente con las formas de Dios. 
Es por eso que debemos estar siempre en camino, en busca de la voluntad de Dios, con la ayuda del Espíritu Santo que nos ha dejado para nuestra salvación. ¡Y es por medio de este Espíritu que la santidad es posible! ¡En medio de la vida cotidiana, es posible ser instrumentos e hijos de Dios!

Comparto esta oración, que escribí hace tres años, en ocasión de esta celebración:

Señor:
Dame tu gracia para hacer de cada momento de mi vida, una oportunidad para alcanzar la santidad.
Esta santidad de la que muchos se ríen, y no creen posible.
Dame la valentía para mantenerme firme en la fe, para no negarte, para no venderme, para no traicionar mis principios cristianos.
Dame la fortaleza necesaria para no dejarme abatir por las dificultades, y si caigo, tener la seguridad que con tu ayuda, podré levantarme siempre.
Dame el entusiasmo y alegría para trabajar diariamente por mis proyectos de vida, éstos que Tú has puesto en mis manos, y que a veces siento que no merecen la pena.
Dame la capacidad de amar, como Tú nos amas, de tener un corazón más desprendido, 
de saber que Tú no abandonas a nadie, y has puesto en nuestras manos los recursos y medios para ayudar a los más necesitados.
¡Dame Señor el deseo de vivir una vida santa!

Fotografía de Irina Orellana